1.- Barcelona-Chelsea (Champions, semifinales, vuelta), 24 de abril de 2012, 2-2 (Busquets, Iniesta, Ramires y Torres).
2.- El Barcelona ha muerto de éxito. En apenas tres días ha dicho adiós a la Liga y a la Champions, víctima en ambos caso de su grandeza. Este Barcelona —y ahí reside su gran legado, más allá de los títulos— es probablemente el único equipo de la historia reciente del fútbol que genera en sus rivales una legitimidad para poner en práctica cualquier tipo de planteamiento, por muy aberrante que sea. Anoche, durante buena parte del encuentro, los jugadores del Chelsea, y no es ninguna metáfora, se instalaron al borde de su área. Y de ahí no se movieron.
3.- Poco, por no decir nada, se le puede reprochar al Barcelona. Entre el partido de ida y el de vuelta sumó cuarenta y siete disparos, trece de ellos a puerta y cuatro al palo. El Chelsea, en cambio, tiró tres veces y marcó tres goles, todos ellos en minutos de descuento. Es cierto que no estuvimos ante la versión más afilada del Barcelona, ni ante el Messi más preclaro, ni ante un chorreo constante de ocasiones . Pero poco margen dejaba un Chelsea literalmente encerrado en su área.
4.- La alineación de Guardiola fue ejemplar. Guardiola en su máxima expresión. Tras la derrota frente al Madrid el periodismo resultadista, valga la redundancia, se ensañó con su propuesta. Pues si no queríais taza, taza y media, debió de pensar el de Santpedor. Otra vez defensa de tres, de nuevo un extremo sin experiencia en estos partidos y Alves al banquillo. Más valiente no se podía ser: Mascherano, Piqué, Puyol; Xavi, Busquets, Cesc; Messi; Cuenca, Alexis e Iniesta.
5.- Todo iba bien —dos goles arriba, expulsión de Terry, sensación de goleada...— hasta el último suspiro de la primera parte, gol a la contra del Chelsea, y el primero de la segunda, penalti fallado por Messi. A partir de ahí, aunque el guión del partido siguió siendo exactamente el mismo, el Barcelona se tensionó en exceso. Tal vez careció de la debida finura para desentrañar una defensa tan exigente, siquiera por el apelotonamiento de jugadores. Posiblemnete les faltó a los de Guardiola un poco más de aplomo.
6.- Los ataques del Barcelona —y la defensa del Chelsea—remitían más a un partido de balonmano que a un encuentro de fútbol. El balón circulaba de un lado a otro en torno al área que vigilaba Peter Cech.
7.- Ya habrá tiempo de analizar las derivadas de la eliminación —y del título de Liga que se llevará el Madrid—. Ahora mismo sólo cabe que el barcelonismo sienta un profundo orgullo por la figura, por lo que representa en términos futbolísticos, de Josep Guardiola Sala.
Para jugar al fútbol se necesita una idea, un concepto, un estilo y un grupo de jugadores que sintonicen con ella: el campo abierto, dos extremos pegados a las bandas; llenar la divisoria para conseguir profundidad; y darle aire y velocidad a la pelota. Es aquello de los tres defensas, cuatro medios y tres delanteros. Me seduce la idea de jugar de una forma como no lo hace nadie. Es un signo de distinción, una manera diferente de vivir el fútbol, un estilo de vida, una cultura (Pep Guardiola)
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